'Avenida Julio Roca al 4500, por favor'. Arrancó. Había olor a pañales. A veces, en los taxis queda el olor de los pasajeros anteriores. Ayer había olor a pañales.
Llegué un poquito tarde, ya estaban todos sentados en la mesa. Fui a la cocina, dejé un taper con tiramisú que había en mi heladera y me senté.
Tu mamá cocina muy bien, siempre te dije lo mismo.
El día ese que nos conocimos, en el quiosquito de la facultad, tenías olor a suavizante en la ropa. Los pibes que viven solos no usan suavizante, por eso supuse que vivías con tu mamá, que cocina muy bien.
Corté por la mitad una bomba de papá, y el queso quedó chorreado, amorfo, baboso.
Tu hermana se limpiaba la pintura de labios con la servilleta de tela, que hace juego con los mantelitos individuales. A ella también se le chorreaba el queso, desde la comisura. Cada vez que se llevaba el vaso a la boca, lo manchaba con muzzarella y granadina.
Tu mamá no paraba de decirle que tenía una pollerita muy corta, y la señalaba con el tenedor. Entre medio me explicaba la receta de los huevos rellenos.
Tu papá se rascaba la cabeza y me ofrecía Campari con hielo.
También me enteré de que no sabés andar en bicicleta, y que el café te da gastritis.
A mi me da vergüenza llevar gente a comer a mi casa, pero parece que a vos no. Estuvo a punto de traer un álbum de fotos de cuando eras chiquito, pero la cara de tu padre creo que la intimidó un poco, así que volvió a pegar su cuerpo a la silla, y siguió hablando de cuchillos con serruchito.
Terminé de comer y fui al baño. Me miré al espejo, estaba maquillada. No podía creer estar en esa situación. Nunca antes tu casa había estado así, tu madre con esa cara, tu padre en camiseta. Ni vos ni yo estábamos preparados para semejante cambio.
Puse mi mejor cara de Laura Ingalls.
Lo único que quería era que el tiempo pase rápido, aunque la comida estaba muy rica... Tu mamá cocina muy bien.
Por la ventanita del baño, la que da al patio, se escuchaban gritos. Tu hermana lloraba porque parece que el novio la dejó.
Volví a la mesa, en la tele, el partido.
Tu hermana dejó de llorar, y se sentó en su silla.
Ya todos tenían sus platos otra vez vacíos. Salimos al patio, desataron a la vaca y empezó la cuestión. Ahí me di cuenta de que, en realidad, no todo había cambiado tanto.
Mientras vos te agarrabas la cabeza, sin poder creer que lo estaban haciendo frente a mis narices otra vez, se trepaban a la vaca, corrían y se pegaban, mientras gritaban y se reían.
Le pedí a tu hermana que me abra la puerta.
‘Muy rica la comida’.
[Gracias a la honorable Tulúm, que la tiene clara]
viernes 4 de septiembre de 2009
domingo 23 de agosto de 2009
Ballenas asesinas.
Generalmente antes de salir, me pongo zapatillas. Ese día me puse zapatitos. Zapatitos de tela con un botón, redondos, naranjas. Zapatitos de primavera, o de día de invierno con sol entre nubes. Llegué y estaban todos esperando, uno al lado del otro, con los pies apoyados en el pasto, casi suspendidos, apenas un par de ojitas se colaban entre sus dedos. Decenas de niños-lagarto, diciendo mentiras y correteando en ese patio. Me sorprendió haberte encontrado ahí, nadie te había invitado. Me sorprendió tanto como el final de 'carta a una señorita en parís', me sorprendió verte colgando de ese árbol, con los ojos abiertos y los cachetes violetas, entre decenas de niños-lagartos que comían pan dulce quemado.
lunes 3 de agosto de 2009
Before.
Me había bañado porque me daban ganas de llorar. Llorar siempre fue más fácil en la bañera, porque me mojo la cara y ya no hay llanto, no hay lágrimas, es solo agua y cuerpo. Y la cara sigue húmeda, y no me da vergüenza que los ojos se me hinchen un poquito. Salí, y me acosté en la cama, puse las manos abajo de la almohada mientras los pulmones se llenaban de agua. Traté de nadar para el lado de la costa, pero no pude. Había gente, había comida, sombrillas y vendedores de helado. Cada vez que levantaba un brazo, respiraba aunque ya no podía hacerlo bien. Abrí los ojos y tenía tos. En la mesa de luz dejé un caramelo de miel que me dieron de vuelto cuando volvía para casa. Respiro y otra vez me hundo, trato de nadar pero no puedo. Siempre preferí el agua a mi ambiente natural. Apretar las rodillas contra el pecho, te suspendés por debajo de la superficie y por un momento, dejás de existir para ser solo algoquenorespira que está debajodelambientehumano. Pero ahora... ahora me hundo de verdad, dejo de exsistir de verdad. Abro los ojos otra vez, no puede ser que siempre pase lo mismo. Hasta las seis de la mañana entre un mar con una playa, y las sábanas que se desacomodan y los pies que quedan al aire.
miércoles 29 de julio de 2009
Say my name, bitch!
Toda mi vida odié la sopa de letras. Verlas ahí flotando, escribiendo cosas con una facilidad envidiable, y olvidándose de lo que dicen en tan solo segundos... No sé, me hacían enojar, la sopa me daba asco, las verduras tratando de mezclarse, era una escena bastante complicada.
Un día te invité a comer, y me dijiste que cocine sopa de letras. Fue lo peor que me podrías haber dicho. Cuando llegaste, el plato estaba ahí, arriba de la mesa. Vapor de propaganda, galletitas, servilleta y mantel a cuadros. Te metiste la cuchara en la boca, y me miraste raro.
Después dijeron que te había envenenado... Pero no fue así. Me parece que las letras de mi nombre se te trabaron en la garganta.
Un día te invité a comer, y me dijiste que cocine sopa de letras. Fue lo peor que me podrías haber dicho. Cuando llegaste, el plato estaba ahí, arriba de la mesa. Vapor de propaganda, galletitas, servilleta y mantel a cuadros. Te metiste la cuchara en la boca, y me miraste raro.
Después dijeron que te había envenenado... Pero no fue así. Me parece que las letras de mi nombre se te trabaron en la garganta.
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